MÁS ALLÁ DE LAS CANAS



MÁS ALLÁ DE LAS CANAS

Miembro Borrado

Mar 24 2018 en 02:25pm
MÀS ALLÀ DE LAS CANAS
Cuando se habla de la tercera edad, llegan a la mente palabras tales como vejez, ancianidad, senectud, abuelos; todos ellos, sinónimos Muchas personas la relacionan con decrepitud, senilidad, achaques, postración y estorbo. Infortunadamente llegar a esta edad es una realidad, como lo es la tan dolorosa realidad de que muchos de los abuelitos se convierten para sus familiares en una verdadera carga, una carga muy pesada y de la cual desean deshacerse.
Debo confesar que nunca antes me interesé por reflexionar acerca de la vejez. La verdad, pienso que a muchas personas cuando estamos en la flor de la juventud, llenos de vitalidad y de sueños, no nos interesa en lo más mínimo pensar en que un día toda esa lozanía que lucimos orgullosos y que hace que nuestros días sean primaverales, saldrá corriendo para darle paso al invierno de la vida. Y cuando la ventana de los años dorados se empieza a cerrar se siente que es hora de dedicar parte de nuestro tiempo a pensar en nuestros últimos años; entonces comienzan a desfilar por nuestra mente cuestionamientos como estos: ¿cómo será mi vida en unos años cuando ya mis huesos cansados no me permitan dar un paso más? ¿Con quién viviré? Y el no poder tener una respuesta satisfactoria a estos interrogantes, a veces hace que el corazón se llene de angustia; porque no puede negarse que aunque algunos de los ya casi pertenecientes a la última etapa de la vida sean poseedores de una buena pensión, o quizás de una buena fortuna para su manutención, sienten que eso no es suficiente ni lo más importante. Ellos anhelan desde lo más abstruso de su corazón terminar su última estancia en este planeta sintiéndose queridos, amados, y acompañados. Porque eso es lo que desea cualquier anciano, y hacerlos sentir que todavía ocupan un lugar importante en nuestros corazones debe ser el lema tanto de hijos como de nietos, especialmente.
De la misma manera que un sinnúmero de incógnitas aparecen cuando comienza a florecer la flor de la vejez, es ineludible ver como el jardín de los recuerdos comienza también a florecer, y en esos momentos de encuentro con su pasado, los hombres y mujeres que se acercan al final del camino se dividen en dos grupos: Unos son los que se sienten frustrados porque que su vida no fue como ellos la desearon, o no lograron los triunfos que anhelaron; y otros son los que rememoran con orgullo e inmensa felicidad su trayectoria por este mundo; pero a la final, estos, igual que los primeros, tienen la plena certeza de que con lo mucho o lo poco que hayan hecho a través de su larga existencia en lo que les resta de vida solo contarán con la única compañía: La soledad. Lamentablemente es sin duda el final de todos los ancianos.
Autora: Gloria Esinosa

resercale

Abr 26 2018 en 12:08am
Citar (654321 * Mar 24, 2018 14:25)

MÀS ALLÀ DE LAS CANAS
Cuando se habla de la tercera edad, llegan a la mente palabras tales como vejez, ancianidad, senectud, abuelos; todos ellos, sinónimos Muchas personas la relacionan con decrepitud, senilidad, achaques, postración y estorbo. Infortunadamente llegar a esta edad es una realidad, como lo es la tan dolorosa realidad de que muchos de los abuelitos se convierten para sus familiares en una verdadera carga, una carga muy pesada y de la cual desean deshacerse.
Debo confesar que nunca antes me interesé por reflexionar acerca de la vejez. La verdad, pienso que a muchas personas cuando estamos en la flor de la juventud, llenos de vitalidad y de sueños, no nos interesa en lo más mínimo pensar en que un día toda esa lozanía que lucimos orgullosos y que hace que nuestros días sean primaverales, saldrá corriendo para darle paso al invierno de la vida. Y cuando la ventana de los años dorados se empieza a cerrar se siente que es hora de dedicar parte de nuestro tiempo a pensar en nuestros últimos años; entonces comienzan a desfilar por nuestra mente cuestionamientos como estos: ¿cómo será mi vida en unos años cuando ya mis huesos cansados no me permitan dar un paso más? ¿Con quién viviré? Y el no poder tener una respuesta satisfactoria a estos interrogantes, a veces hace que el corazón se llene de angustia; porque no puede negarse que aunque algunos de los ya casi pertenecientes a la última etapa de la vida sean poseedores de una buena pensión, o quizás de una buena fortuna para su manutención, sienten que eso no es suficiente ni lo más importante. Ellos anhelan desde lo más abstruso de su corazón terminar su última estancia en este planeta sintiéndose queridos, amados, y acompañados. Porque eso es lo que desea cualquier anciano, y hacerlos sentir que todavía ocupan un lugar importante en nuestros corazones debe ser el lema tanto de hijos como de nietos, especialmente.
De la misma manera que un sinnúmero de incógnitas aparecen cuando comienza a florecer la flor de la vejez, es ineludible ver como el jardín de los recuerdos comienza también a florecer, y en esos momentos de encuentro con su pasado, los hombres y mujeres que se acercan al final del camino se dividen en dos grupos: Unos son los que se sienten frustrados porque que su vida no fue como ellos la desearon, o no lograron los triunfos que anhelaron; y otros son los que rememoran con orgullo e inmensa felicidad su trayectoria por este mundo; pero a la final, estos, igual que los primeros, tienen la plena certeza de que con lo mucho o lo poco que hayan hecho a través de su larga existencia en lo que les resta de vida solo contarán con la única compañía: La soledad. Lamentablemente es sin duda el final de todos los ancianos.

Autora: Gloria Esinosa

Muy interesante, podemos conversar

dorissil

Ago 18 2018 en 05:13pm
Muyinteresante y a la vez te llena de tantas preguntas...

Maripi55

Oct 16 2018 en 08:38pm
Somos conscientes que con el paso de los años conllevará de manera inevitable un deterioro físico. Pero, a no ser que se trate de enfermedades invalidantes concretas, como las que llevan asociado un deterioro cognitivo, no estar en plenitud física o mental, no tiene porqué ser sinónimo de infelicidad.

Debemos poner en valor la experiencia, las habilidades y conocimientos adquiridos con el paso de los años y tener perspectivas, sueños y ganas de hacer cosas, pueden suplir en buena medida la pérdida de vigor o los achaques. Es decir, se puede ser feliz, aunque se cumplan muchos años.

Una de las claves es adaptarse con naturalidad a la nueva realidad personal, a los cambios que se producen y hacer de ellos oportunidades. No se podrán hacer las mismas cosas que cuando se tienen 20 años, pero la perspectiva del tiempo hace que las personas nos demos cuenta de facetas de la vida que cuando se es joven pasan desapercibidas.

Estamos observando al gran número de personas mayores que se lanzan a la calle a manifestarse por sus pensiones, por la violencia de género, por causas de todo tipo y, en su mayoría, manifiestan en deseo de que sus reivindicaciones sean útiles no para ellos, sino para las generaciones futuras. Ese deseo, esa sensación de que se pueden hacer cosas con cualquier edad es la que llena las aulas de la tercera edad en las universidades y la que agota las plazas en los viajes para mayores. Se une la sensación de deber cumplido y de que es el momento propio. Tener las obligaciones resueltas (crianza de los hijos, hipotecas…) libera de responsabilidades y da la oportunidad de realizar deseos como aprender un nuevo oficio, cantar en un coro, hacer teatro aficionado, viajar, pasar tiempo con los amigos, etc., actividades que contribuyen de manera definitiva a la felicidad.

Para poder llevar una vida buena es necesario que las actividades y deseos se acomoden con las capacidades. Es decir, los cambios implicarán ciertas renuncias que deberán ser aceptadas y si no se pueden solventar, deberá cambiarse de objetivo. Una rotura de cadera, posiblemente, limite las opciones de hacer escalada o largas marchas, pero es una oportunidad para aprender a pintar, apuntarse a un club de lectura o, aprovechando la rehabilitación, ir a nadar varias veces a la semana.

Disfrutar de la vida no quiere decir que la juventud, la salud y el vigor sean eternos. Disfrutar de la vida tiene que ver con las adaptaciones que nosotros mismos realicemos, basándonos en nuestras capacidades y opciones en cada momento vital.

En la tercera edad puede abundar la empatía y hacer labores sociales importantes; el amor, que puede abrir nuevas posibilidades de relaciones; la amistad, que es fuente de salud mental… Se pueden abrir oportunidades gracias a la disposición de más tiempo propio.

Lo fundamental es el deseo de sentir felicidad y la capacidad para adaptarse a los cambios y el fomento de una red social que acompañe y apoye.